Santo Toribio Romo González fue un sacerdote mexicano,
Originario de Santa Ana de Guadalupe, Jalisco. que entrego su vida a Dios, fue mártir de la Cristeada en 1928 ..
Canonizado por el papa Juan Pablo II el 21 de Mayo del 2000
Santa Ana de Guadalupe
Sobre las ruinas de la humilde casa donde nació santo Toribio Romo se levanta hoy una ermita consagrada a la Sagrada Familia. En la cumbre de La Mesita también se levanta una capilla, para mirar más de cerca el cielo y para recordar a los fieles que hasta allá se llega después de cumplir la voluntad de Dios en esta tierra y de amar al prójimo por amor a Cristo.
Por el fervor guadalupano del Padre Toribio y de sus habitantes, la población se llama hoy Santa Ana de Guadalupe, Jalisco.
El heroísmo de los sacerdotes
Los sacerdotes por su parte imitaron maravillosamente e hicieron propia la constancia de los obispos en medio de las mayores calamidades; los ejemplos egregios de virtudes que ellos nos han dado y de los cuales hemos recibido nosotros grande consuelo los proponemos y los alabamos ante todo el universo católico, porque son dignos de ello. Y en este asunto, pensamos que a pesar de que en México se han utilizado todos los artificios, y que todo el esfuerzo y todas las vejaciones de los adversarios se han dirigido principalmente a este punto, es decir, a que el Clero y el pueblo se aparten de la jerarquía sagrada y de la Seda Apostólica, y que sin embargo de todos los sacerdotes, que pasan de cuatro mil, solamente uno que otro ha faltado a su obligación, no hay nada que no podamos esperar del Clero mexicano.
Pues estos ministros sagrados unidos estrechamente entre sí obedecieron reverente y libremente a los mandatos de sus obis¬pos, aunque esto las más de las veces no podría hacerse sin grave perjuicio para ellos... debieron sobrellevar con paciencia y fortaleza la pobreza y la necesidad; debían celebrar Misa en privado; mirar por las necesidades espirituales de los fieles en la medida de sus fuerzas y fomentar y mantener el fuego de la piedad en todos; y además, con su ejemplo, con sus consejos y exhortaciones procuraban levantar la mente de los fieles hacia lo alto, y confirmar los ánimos para perseverar pacientemente.
¿Quién se admirará de que la ira y la rabia de los enemigos se haya dirigido principalmente contra los sacerdotes? Pero ellos, siempre que fue necesario, no dudaron en sobrellevar con rostro sereno y con fortaleza de ánimo la cárcel y la misma muerte.
(Papa Pío XI, “Sobre la durísima situación del catolicismo en México”, en la carta Iniquis afflictisque, 18 de noviembre de 1926).
Este artículo es parte del libro "Madera de Héroes" Semblanza de algunos héroes mexicanos de nuestro tiempo, de Luis Alfonso Orozco.
Sobre las ruinas de la humilde casa donde nació santo Toribio Romo se levanta hoy una ermita consagrada a la Sagrada Familia. En la cumbre de La Mesita también se levanta una capilla, para mirar más de cerca el cielo y para recordar a los fieles que hasta allá se llega después de cumplir la voluntad de Dios en esta tierra y de amar al prójimo por amor a Cristo.
Por el fervor guadalupano del Padre Toribio y de sus habitantes, la población se llama hoy Santa Ana de Guadalupe, Jalisco.
El heroísmo de los sacerdotes
Los sacerdotes por su parte imitaron maravillosamente e hicieron propia la constancia de los obispos en medio de las mayores calamidades; los ejemplos egregios de virtudes que ellos nos han dado y de los cuales hemos recibido nosotros grande consuelo los proponemos y los alabamos ante todo el universo católico, porque son dignos de ello. Y en este asunto, pensamos que a pesar de que en México se han utilizado todos los artificios, y que todo el esfuerzo y todas las vejaciones de los adversarios se han dirigido principalmente a este punto, es decir, a que el Clero y el pueblo se aparten de la jerarquía sagrada y de la Seda Apostólica, y que sin embargo de todos los sacerdotes, que pasan de cuatro mil, solamente uno que otro ha faltado a su obligación, no hay nada que no podamos esperar del Clero mexicano.
Pues estos ministros sagrados unidos estrechamente entre sí obedecieron reverente y libremente a los mandatos de sus obis¬pos, aunque esto las más de las veces no podría hacerse sin grave perjuicio para ellos... debieron sobrellevar con paciencia y fortaleza la pobreza y la necesidad; debían celebrar Misa en privado; mirar por las necesidades espirituales de los fieles en la medida de sus fuerzas y fomentar y mantener el fuego de la piedad en todos; y además, con su ejemplo, con sus consejos y exhortaciones procuraban levantar la mente de los fieles hacia lo alto, y confirmar los ánimos para perseverar pacientemente.
¿Quién se admirará de que la ira y la rabia de los enemigos se haya dirigido principalmente contra los sacerdotes? Pero ellos, siempre que fue necesario, no dudaron en sobrellevar con rostro sereno y con fortaleza de ánimo la cárcel y la misma muerte.
(Papa Pío XI, “Sobre la durísima situación del catolicismo en México”, en la carta Iniquis afflictisque, 18 de noviembre de 1926).
Este artículo es parte del libro "Madera de Héroes" Semblanza de algunos héroes mexicanos de nuestro tiempo, de Luis Alfonso Orozco.
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